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Kentucky - La Alcarria, la conexión musical de los Hermanos Cubero

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La inquietud por la música rural de EEUU y la pasión por los sonidos tradicionales de Castilla han obligado a los Hermanos Cubero a inventar casi un género: el bluegrass de la Alcarria…

Con una guitarra y una mandolina, Enrique y Roberto trasladan el folclore ibérico a las praderas de Kentucky.

Y este puede ser su año. Para empezar este sábado muestran sus jotas y seguidillas en uno de los templos de la modernidad de Madrid: la sala El Sol. Después, a final de mes, junto a Lorena Álvarez y su banda municipal, participan en el festival "Romería y Desengaño" en el Centro Matadero de Huesca.

Pero dejemos la agenda un momento, para centrarnos en estos misteriosos hermanos, residentes en Barcelona, nacidos en Guadalajara y con el espíritu musical instalado en las montañas de los Apalaches. Rebobinemos.

Los Hermanos Cubero hacen música folk de raíz castellana de una forma muy personal. Para empezar, la tradicional dulzaina y caja, instrumentos clásicos del género, han sido sustituidos por una mandolina -que hace la melodía- y por una guitarra que se encarga del ritmo.

A este cambio hay que sumar la decisiva influencia de Bill Monroe, el padre del bluegrass, un estilo musical estadounidense del siglo pasado, cuyas raíces están en las canciones tradicionales de los inmigrantes irlandeses y escoceses acogidos en el Estado de Kentucky.

Calificados como una banda de "bluegrass castellano", Roberto, el hermano de la perilla y las gafas de pasta, no atiende a etiquetas.

"La tradición musical castellana es inmensa. Nosotros conocemos los ritmos, el sentimiento, pero lo que intentamos es capturar la esencia y hacer las cosas a nuestra manera. En el mundo actual, el uso de la música es muy distinto al que se daba antiguamente. Ya nadie canta cantos de siega o esquileo. Nuestro objetivo para mantener el sonido de la tierra es adecuarla al uso actual".

Esta actitud -"hacemos la música que sentimos"- les ha llevado a componer "Jota para Bill Monroe", dedicar una canción de aire country a la antigua profesión de mielero de la Alcarria, e incluso, reinterpretar el romance "La molinera y el corregidor" sin complejos y "como Dios manda".

El atrevimiento ha tenido ya recompensa. Un año después de su estreno como banda en 2009, Enrique y Roberto ganaron el II Premio Europeo de Folclore "Agapito Marazuela", un prestigioso galardón que distingue la labor de difusión e investigación de las nuevas formas del folclore tradicional.

Aquel premio supuso dos cosas: una importante repercusión dentro del circuito de música tradicional y la financiación de su primer disco "Cordaineros de la Alcarria" (Autoeditado, 2010). "Si a los que tocan la dulzaina se les llama dulzaineros, nosotros tañendo cuerdas, seríamos cordaineros", justifica así Roberto el título del álbum.

Ahora -en su año-, están grabando su nuevo disco -de momento, autoproducido- que cuenta con la colaboración, entre otros, de Holly Odell, afamada violinista de Nashville que formó parte de la banda del gran John Hartford.

Junto a ello hay que esperar su estreno cinematográfico en la road- movie "La muerte en la Alcarria", un proyecto de Travelogue Studio, en blanco y negro y paisaje castellano donde los Cubero son sus silenciosos protagonistas.

De cara al esperado buen tiempo y sus giras musicales, la pareja tiene en agenda algunos festivales que no quieren desvelar tanto de música tradicional como de aspecto más moderno.

"Nuestro circuito natural está en la escena de música tradicional/folk que es donde hemos tenido mayor repercusión, pero no seremos nosotros quienes nos pongamos límites", aclara Enrique, que destaca la acogida que tuvieron en 2011 en el festival "indie" Musiques Disperses de Lleida.

El dúo considera que en la escena folk española hay mucha gente haciendo cosas "increíblemente innovadoras" y que ellos, simplemente, "aportan una visión con composiciones propias" que, en algunos casos, se alejan del canon folclórico.

Ataviados con trajes antiguos y corbata -"es una forma de respeto hacia el público", dice Roberto- el dúo camina por el Vallés bajo una fina lluvia de primavera. Afables, cercanos y sin miedos, los hermanos Cubero actualizan un cancionero histórico y lo trasladan a otras cordilleras y sonoridades más remotas.

Entretanto, la estatua de 2 metros de Agapito Marazuela que preside la plaza del Socorro de Segovia parece ladearse y su cara, en bronce, muestra una breve sonrisa de satisfacción. Está claro, nunca imaginó que su cancionero cruzara los Apalaches.

 

Por Juan Carlos Gomi

 

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